La Interminable Conquista De México ((new)) May 2026

Hoy, movimientos como el zapatismo o las recientes protestas por el 12 de octubre (día de la raza, día de la hispanidad, día de la resistencia indígena) evidencian que la memoria es el último campo de batalla. Derribar estatuas de Colón, exigir la restitución del Códice de Tlatelolco o pedir disculpas por las matanzas del siglo XVI no es un ejercicio de anacronismo. Es el reconocimiento de que la conquista no es un hecho archivado, sino un trauma generacional que se reproduce cada vez que un sistema educativo niega la historia real. Afirmar que la conquista de México es interminable no es un acto de pesimismo, sino de honestidad. Significa reconocer que el México actual sigue siendo, en gran medida, un país colonizado en su estructura de poder, su imaginario y su distribución de la riqueza. La independencia política no trajo la independencia cultural ni económica.

Hoy, en muchas comunidades indígenas de Oaxaca, Chiapas o Guerrero, la religión católica coexiste con rituales ancestrales. Esa dualidad no es sincretismo pacífico; es el testimonio vivo de una conquista que no logró su objetivo final: la extinción de la cosmovisión originaria. Pocas armas son tan poderosas como la palabra. El español se impuso como lengua del poder, el comercio y la ley. Hablar náhuatl, maya o purépecha se volvió sinónimo de sumisión y atraso. Aunque el mestizaje lingüístico es innegable (palabras como chocolate , tomate o coyote sobreviven), la balanza es abrumadora: el 90% de los mexicanos habla hoy español como primera lengua, mientras que más de veinte lenguas originarias están en peligro de extinción. la interminable conquista de méxico

Las zonas con mayor concentración de población indígena (Chiapas, Guerrero, Oaxaca) son también las que presentan los peores indicadores de desarrollo humano. La conquista no terminó; se transformó en un sistema de castas económico. El "indio" dejó de ser una categoría legal para convertirse en una condición social: el que trabaja la tierra ajena, el que migra a la ciudad para ser mano de obra barata, el que sigue siendo desposeído. El fenómeno más reciente de esta conquista interminable es la batalla por el relato histórico. Durante décadas, la educación oficial promovió la idea del "mestizaje glorioso" y el "encuentro entre dos mundos", un eufemismo que borraba la violencia sistemática. Hoy, movimientos como el zapatismo o las recientes

Mientras exista un solo niño que sea avergonzado por hablar su lengua originaria, mientras un campesino indígena siga siendo el último eslabón de la cadena de explotación, mientras la imagen de la Malinche siga siendo un insulto y no un símbolo de complejidad, la conquista seguirá siendo, dolorosamente, interminable. Artículo inspirado en la obra de historiadores como Miguel León-Portilla ( La visión de los vencidos ), Eduardo Galeano ( Las venas abiertas de América Latina ) y el pensamiento decolonial contemporáneo. Afirmar que la conquista de México es interminable

Cuando se habla de la conquista de México, la mente suele dibujar una imagen concreta: Hernán Cortés quemando sus naves, la matanza del Templo Mayor, la noche triste del 30 de junio de 1520 y la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521. Sin embargo, reducir la conquista a esos dos años de violencia armada es un error histórico. La verdadera conquista, la que moldea al México actual, no terminó con la rendición de Cuauhtémoc. En muchos sentidos, nunca ha terminado. La conquista militar: el primer capítulo La derrota del Imperio mexica fue, sin duda, un parteaguas. Pero incluso desde una perspectiva puramente bélica, la "conquista" se prolongó por décadas. La Guerra del Mixtón (1540-1542) en el occidente, la resistencia chichimeca (1550-1590) en el norte y la caída del último bastión maya independiente en Tayasal (1697) demuestran que el poder de la espada y la cruz necesitaron casi dos siglos para imponerse sobre todo el territorio.

La verdadera rendición de Cuauhtémoc nunca ocurrió. Su sombra sigue recorriendo los pueblos indígenas que se niegan a desaparecer, los activistas que exigen justicia lingüística, y los historiadores que se niegan a dar por cerrado un capítulo que el poder siempre quiso dar por terminado.